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La
gracia como iniciativa de Dios.
Jorge
Bravo
Desde el punto de vista bíblico todos los cristianos
somos salvos por gracia, por medio de la fe y no por las
obras. Ya no estamos sujetos a la ley sino a la gracia de
Dios.
Porque por gracia sois salvos por medio de la fe y esto no
de vosotros, pues es don de Dios no por obras, para que
nadie se gloríe. (Efesios 2:8-9)
Pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia. (Romanos
6:14)
Uno de los temas claves en la teología de Juan Wesley es
la realidad de la salvación por la gracia es decir, el
entendimiento sobre la manera en que opera la gracia
divina en la vida del creyente. Esta misma preocupación
estuvo en el apóstol Pablo y luego en San Agustín.
Hablar sobre la gracia divina es querer decir que Dios es
quién siempre toma la iniciativa en el proceso de salvación
y que es un regalo de Él, que se reclama y otorga a través
de la fe.
Es por eso que podemos afirmar que la teología wesleyana
de la gracia es una teología de la vida y del corazón.
Como teología práctica, nos permite comprender que este
proceso de la gracia se vive en donde quiera que estemos,
en cualquier circunstancia en que nos encontremos, además,
nos enseña a cómo caminar con Dios, para luego
brindarnos la posibilidad de ser transformados por la acción
misericordiosa de Él.
Para Wesley el proceso de salvación se inicia desde el
primer despertar de la gracia en el alma humana hasta que
el proceso termina en el cielo, con la glorificación. Sin
embargo, Wesley está consciente que hay una salvación
presente que incluye aquellas experiencias de gracia que
son posibles para todo cristiano auténtico en esta vida y
que son la preparación necesaria para llegar a la
plenitud del reino de Dios después de la muerte.
B. El proceso de la salvación.-
Wesley identifica cuatro etapas en el proceso de la
salvación presente: la gracia preveniente, convincente,
justificadora y santificadora. La iniciativa de Dios en
cada una de estas etapas necesita la respuesta humana para
que sea verdaderamente efectiva. Cada persona debe
esforzarse en hacer lo mejor que pueda para responder a
Dios. En otras palabras, a la gracia de Dios le
corresponde a cada uno un trabajo personal por su
salvación.
Es por eso necesario resaltar que si una persona que
recibe un regalo de Dios y no hace nada para cultivarlo,
lo perderá.
Wesley explica en forma muy didáctica, que la intervención
de Dios por medio de la gracia, se da en cuatro etapas
bien marcadas durante el proceso de la salvación.
Éstas pueden darse por separado o en forma simultánea:
a) La gracia preveniente.-
La frase preveniente, proviene del latín <
> que quiere decir literalmente la gracia que <
> o que <
> e indica que la gracia de Dios siempre toma la
iniciativa y se acerca al ser humano antes de que éste
responda. Se le conoce también como gracia anticipante.
Es la gracia que viene a nosotros antes de nuestro
compromiso sincero con nuestro Señor Jesucristo, o sea,
es nuestra conversión. Su función es galantearnos,
persuadirnos a no resistir más a Dios y comprometernos de
una vez con Él.
Según Wesley, una las ayudas para la vida espiritual,
como regalo de la gracia preveniente, es <
>. Él considera que la mayoría de la gente piensa que
la conciencia es una herencia natural de los seres
humanos, pero no se dan cuenta que ésta es un regalo de
la gracia anticipante y que toda la gente la posee. El Espíritu
Santo está actuando constantemente en las personas para
llevarlas a Dios.
b) La gracia convincente.-
Para Wesley, el Espíritu Santo actúa en la persona a
través de lo que llamó el <
>. A este proceso se le conoce como <
>, porque toda persona necesita ser convencida de su
realidad pecaminosa, ya que Satanás, a través del
pecado, ha ocultado esta verdadera condición de todo ser
humano.
En este proceso el Espíritu Santo nos convence de nuestra
situación pecaminosa y nos invita a conocernos tal como
somos y nos llama al arrepentimiento. Wesley mismo pasó
por esta experiencia personal en su vida y lo relata en
muchos de sus escritos.
Según Wesley el ser humano pasa por tres etapas bien
marcadas en toda su vida terrenal: la primera etapa es la
del <
> la segunda es la de estar <
> y la última, <
>. La gracia convincente nos convence de salir del
estado natural, entrar al estado bajo la ley y luego, por
medio de la gracia del Espíritu Santo, llegar finalmente
a la salvación por la fe en Jesucristo, para luego vivir
en santidad.
El camino normal que utiliza el Espíritu Santo para
despertar a los pecadores de su realidad, es a través de
la predicación de la ley, ésta tiene como función
convencer a las personas de sus pecados. Wesley
consideraba que ésta es la manera cómo Dios rompe el
corazón de piedra, de cualquier persona, en pedazos. Él
creía que se debía predicar la ley antes que el
evangelio, ya que éste es la medicina para sanar el corazón
herido. Éste método de predicación es el que Wesley
utilizaba durante el avivamiento y lo recomendaba a sus
predicadores.
Finalmente, por la acción de la divina providencia, o por
la predicación de la Palabra con el respaldo del Espíritu
Santo, Dios toca el corazón que está dormido en la
oscuridad y en la sombra de la muerte.
c) La gracia justificadora y el nuevo nacimiento.-
La gracia justificadora opera en el momento en el que
decidimos no seguir resistiendo más a Dios y aceptamos
por fe a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador,
reconociendo que es Él quien nos justifica. Ya todos
nuestros pecados han sido borrados y perdonados el
sentimiento de culpa ha sido eliminado para siempre de
nuestras vidas.
Esta acción de la gracia de Dios en nuestro ser produce
un cambio de relación con Dios y con nuestro prójimo. A
esta experiencia se le conoce como el nuevo nacimiento.
Desde ese momento el nuevo creyente busca someterse a la
soberanía de Dios y hacer Su voluntad. Vive una fe viva.
Es el cambio en nuestra naturaleza, la liberación del
pecado sobre nuestras vidas, es pues, el nuevo nacimiento.
Esta es la gracia de la cual Juan Wesley habla, cuando se
sintió completamente justificado, aquel día 24 de Mayo
de 1738 en la calle de Aldersgate en Londres, Inglaterra.
Esa noche comentó en su diario su experiencia de
conversión:
“Yo sentí un extraño ardor en mi corazón. Sentí que
confiaba en Cristo, sólo en Cristo para la salvación, y
recibí una seguridad de que él me había quitado todos
mis pecados, aun los míos, y me había librado de la ley
del pecado y de la muerte” (Obras de Wesley, tomo XI,
p.64).
Para Wesley una persona que cree en Jesucristo y le acepta,
desde ese momento está justificada por la gracia de Dios.
Es decir, sus pecados le son perdonados, queda librada de
la culpa y el castigo del pecado.
A partir de ese instante el creyente inicia su proceso de
santificación por la fe y no por las obras.
d) La gracia santificadora.-
A partir de la seguridad completa de la salvación que
acompaña a la fe se inicia la obra de la gracia
santificadora, que es el proceso de santificación del
nuevo creyente. Ésta es un regalo de Dios y una segunda
bendición después de la justificación. La persona crece
gradualmente en su fe hacia una madurez cristiana, lo que
se conoce como la entera santidad o la perfección
cristiana.
Wesley hace algunas precisiones entre la justificación y
la santificación. Él considera que en la justificación
el pecado ha sido <
> de la persona, mientras que en la santificación el
poder del pecado ha sido <
>. Así mismo, destaca que la justificación es un
cambio <
>, pero en la santificación el cambio es <
>. Por otro lado, la justificación se refiere a la
<
> de la persona con Dios, mientras que la santificación
se refiere al <
>. La justificación es una restauración del creyente
en <
> de Dios la santificación es la restauración de la
<
> en el creyente. Por último, justificación es lo que
Dios ha hecho <
> el creyente a través de Jesucristo, su Hijo la
justificación es lo que Dios ha hecho <
> él por medio del Espíritu Santo.
Es bueno tener en cuenta la definición que hace Wesley
sobre la santidad:
“...la santidad del evangelio es nada menos que la
imagen de Dios estampada en el corazón. No es otra cosa
que el pleno sentir que hubo en Cristo Jesús. Consiste en
todos los afectos y tendencias celestiales combinados
juntos en uno. Implica un amor tan continuo y agradecido
hacia aquel que no nos escatimó a su Hijo, su único Hijo,
que nos resulta natural y necesario amar a toda criatura
humana dado que nos llena con entrañas de misericordia,
de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia.
Es un amor a Dios de tal calidad que nos enseña a ser
intachables en toda clase de conversación, que nos
capacita para presentar nuestras almas y cuerpos, todo lo
que somos y todo lo que tenemos, todos nuestros
pensamientos, palabras y acciones, como un sacrificio
continuo, aceptable a Dios por medio de Jesucristo”
(Obras de Wesley, tomo III, p. 314).
De ahí que la santidad es un regalo de la gracia de Dios
bajo el poder del Espíritu Santo y no como resultado del
esfuerzo humano. Un aporte muy significante de Wesley al
pensamiento teológico del siglo XVIII era la manera en
que él entendía la relación de la salvación con las
buenas obras. Él sostenía que la persona es salva por la
fe. Sin embargo, si es salva, responde al amor de Dios
haciendo buenas obras. En su doctrina sobre la santidad
establece un equilibrio entre la fe y las obras,
relacionando la santidad personal con la santidad social.
Las obras de piedad y las obras de misericordia hacen el
equilibrio teológico de la vida cristiana. He aquí un
pensamiento importante de Wesley sobre la religión y la
santidad:
"El evangelio de Cristo no conoce otra religión que
la social ni otra santidad que la social. Este mandamiento
tenemos de Cristo, que el que ama a Dios, ame también a
su hermano" (Obras de Wesley, tomo IX, pp. 39-400).
C. La perfección cristiana.-
Consideremos el tema de la perfección cristiana
desarrollada por Wesley en su doctrina de la gracia.
Es el segundo paso que todo cristiano inicia luego de ser
justificado por la gracia de Dios, por medio de la redención
que es en Jesucristo. Es la acción gradual de Dios, en el
cual el Espíritu Santo opera en la vida del cristiano
hasta lograr un verdadero cambio en su naturaleza, hasta
alcanzar la estatura de la plenitud de Cristo (Cf. Ef.
4:13).
La perfección cristiana no implica quedar exento de
ignorancia o del error, de los defectos o de las
tentaciones, ya que no hay perfección absoluta en la
tierra, sino que es un desafío constante para el creyente,
de modo que si alguien considera haber alcanzado dicha
perfección, todavía necesita crecer en la gracia (Cf. 2
Pe. 3:18) y avanzar diariamente en el conocimiento y el
amor de Dios.
Para Wesley el “perfecto amor” a Dios y a los hombres
es sinónimo de la perfección cristiana o de la entera
santificación (Obras de Wesley, tomo VIII, pp. 167-168).
Es en este sentido que Jesucristo nos exhorta a ser
perfectos como Dios lo es (Cf. Mt. 5:48) el apóstol Pablo
reconoce que no es perfecto, pero que camina hacia esa
meta (Cf. Fil. 3:12-14) en otra ocasión, en su carta a
Timoteo hace ver que el fin de toda Escritura es hacer que
el creyente en Dios sea perfecto (Cf. 2 Tim. 3:17).
La perfección cristiana, tal como lo advierte Wesley en
todo su tratado sobre este aspecto (Obras de Wesley, tomo
VIII, pp. 21-168), no es un ideal a lograr a futuro o en
el momento de la muerte, sino que es un proceso que se
inicia al ser justificado por la gracia de Dios y que es
permanente, dinámico, ahora, en la vida presente. De algún
modo, la perfección cristiana, es dejar de lado una vida
mediocre por una vida de calidad, es decir, en santidad,
consagrada a Dios y experimentar sus múltiples
bendiciones. Como ya se ha dicho anteriormente, este
proceso es dinámico y nos permite seguir creciendo, día
a día, paso a paso, en la fe y en el amor. De ahí que la
perfección cristiana es una visión positiva y optimista
de la vida cristiana, porque enseña que tanto el hombre
como la mujer son perfectibles por la gracia de Dios y están
sujetos a ese proceso, con la ayuda del Espíritu Santo.
Pero, hoy en día, la perfección está relacionada a otra
palabra, calidad de vida, la cual se utiliza mucho y está
en boga en todos los medios académicos. Con este concepto
de calidad de vida se quiere demostrar que el ser humano
es perfectible por sí mismo, en base a su propio esfuerzo
y no depende de nadie para lograrlo. Sin embargo, es bueno
tener en cuenta lo que Elsa Tamez, teóloga metodista,
comenta sobre este asunto en su artículo “El desafío
de la perfección cristiana: Wesley y Santiago”
”¿Qué significa ser perfecto? La palabra nos suena
chocante tal vez sea porque en nuestras sociedades el
pensamiento dominante tiende hacia la búsqueda constante
de lo perfecto, pero en un sentido radicalmente opuesto al
de Santiago y Wesley. La axiología actual está invertida
mientras que para la sociedad o el mundo, en términos de
Santiago, la perfección está vinculada al éxito, a la
competencia, al sobresalir a costa de los demás, para
Santiago [para Wesley también] es precisamente lo
contrario, es estar pendientes de los necesitados para ser
coherentes con lo que creemos y leemos en la Biblia. La
perfección de nuestro tiempo margina al pobre, al minusválido
–perfección está ligada a lo sin defecto es mentirosa
porque el mundo de las apariencias lo domina todo. En
Santiago [también en Wesley] la perfección está
vinculada a la autenticidad, a la sinceridad, mientras que
hoy día lo perfecto se rige por el nivel de las
apariencias. Los modelos que la sociedad impone son
individualistas, en ellos no hay cabida para la
solidaridad la imagen del ser perfecto ya está dada:
seguir el modelo de tener buenas posibilidades económicas,
buena educación, no tener defectos físicos, casarse,
tener hijos, tener éxito en todas las actividades y no
ser objeto de ninguna sospecha ideológica. Si eso es así,
las grandes mayorías pobres y explotadas latinoamericanas
están en un nivel bajo, de imperfección, porque nunca
tendrán las posibilidades de realizar la imagen de
perfección proyectada por la sociedad. Nuestras iglesias
no están exentas de poseer esta imagen falsa de perfección.
Santiago, y más adelante Wesley, nos desafían a buscar
otro tipo de perfección, la auténtica. Aquel que no
divide a las personas y comunidades entre sí, aquel que
exige ser íntegro, cabal, completo. Aquel que vincula las
realidades con la fe y actúa coherentemente con lo que
dice y hace. Esto es ser honesto y el que no actúa así
es deshonesto. En nuestras comunidades cristianas debemos
reflexionar sobre este aspecto crucial y no sólo al
interior de nuestras comunidades, sino también en los
movimientos populares que intentan transformar también la
realidad social viciada.
El ser ‘limpio de corazón’ significa mucho más que
ser buena gente. La búsqueda constante de la honestidad
hoy día, entendida en toda su profundidad y colocada en
medio de nuestra historia conflictiva, nos ayudará con
toda seguridad a ser cristianos auténticos [no casi
cristianos], porque ser íntegro significa en síntesis
ser honesto con Dios, con el prójimo, con nosotros mismos
y con nuestra realidad”
Para alcanzar esta meta -que es nuestro constante desafío-
es necesario llevar una vida en obediencia a Dios, en
disciplina, en amor y en gracia renovada.
¿Estamos avanzando hacia la perfección? El estudio serio
acerca de la perfección cristiana debe ser una guía
permanente para todos los cristianos de hoy.
BIBLIOGRAFIA
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Santiago: lectura latinoamericana de la epístola,
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Extraido
site Selah |